| Menú principal
Usuarios
Bienvenido Invitado
El registro es completamente gratuito y podrás acceder a todas las partes de la web
Puedes registrarte aquí
|
 |
Admins |
|
fuenca |
|
|
controler |
|
|
tony |
|
 |
Usuarios Avanzados |
 |
Miembros: |
 |
Nuevos Hoy: |
0 |
 |
Nuevos Ayer: |
0 |
 |
Total: |
71 |
 |
Ultimo: |
| Vaparay! |
 |
Conectados |
 |
Miembros: |
0 |
 |
Invitados: |
8 |
 |
Total: |
8 |
 |
Miembros Online |
| No hay miembros conectados |
Idiomas
|
|
Un vuelo por el cielo de la vidaDespués de 40 años de ejercicio profesional, el piloto palmero José Carlos Pérez Torres dijo adiós, el pasado sábado, a su larga etapa profesional en el Grupo Iberia, primero como copiloto y comandante de AVIACO y, desde 1999 como comandante de Iberia. A los mandos del avión MD-88 EC-FIG Peñón de Ifach, efectuó dicho día el vuelo IB-956 entre Madrid-Barajas y Tenerife Norte.
La tripulación del citado vuelo –la última del comandante Pérez Torres- estuvo formada por el copiloto Javier Bazo Perea, la sobrecargo Mariola Moreno Zúñiga y las TCP’s María Robles García y Tania Ruiz Parra. Del vuelo de regreso a Madrid se hizo cargo el comandante Juan José Salvador González, director adjunto de la Dirección de Operaciones de Iberia.
Con tal motivo, un grupo de compañeros de promoción y de profesión –comandantes Emilio Ley de León, Luis Cabré León, Alfonso Oquina Aldama, Juan Ortín Funes y Juan M. Prieto Espinosa y el copiloto Javier Herrero-, familiares y amigos de su pueblo natal figuraban entre los pasajeros del citado vuelo, que transcurrió con absoluta normalidad a nivel 310 (31.000 pies de altitud) pese al fuerte viento en contra, que se mantuvo constante en torno a 120 nudos.
A su llegada al aeropuerto de Los Rodeos, los bomberos le tributaron un particular homenaje, formando un arco de honor bajo potentes chorros de agua, a modo de emotiva despedida. A pie de avión le esperaba el director de Operaciones de Iberia, el comandante Ricardo Génova Galván, de ascendencia palmera, así como los comandantes Francisco de la Rosa y José María Cavero y a la salida de la terminal de llegadas, un grupo de amigos y familiares portando una pancarta alusiva al hecho, le recibieron con una gran emotividad.
Más allá de la crónica social del hecho, la despedida del comandante Pérez Torres supone el colofón a toda una vida de lucha y claro afán de superación y su nombre se inscribe en la selecta nómina de hombres de su tiempo, capaces y disciplinados, que consiguieron materializar sus sueños, en una época de muchas restricciones.
En el caso de Carlos Pérez Torres hemos de decir que se trata del primer piloto comercial nacido en La Palma –le había precedido, como piloto de carrera militar, el capitán Antonio Conde Lorenzo, fallecido en 1974- y su esfuerzo es el reflejo del sueño de un niño hecho realidad.
Nacido en Fuencaliente de La Palma el 22 de abril de 1948, en el seno de una familia humilde y trabajadora, nuestro personaje tenía cinco años cuando comenzó a estudiar en la escuela del maestro Florencio Pérez, personaje de grata memoria y después en la academia de Socorro Pérez y Salvador Rodríguez, en su pueblo natal, en la que permaneció hasta 1963.
Con siete años de edad, en junio de 1955 había presenciado por primera vez la llegada de un avión al viejo aeropuerto de Buenavista, el día de su inauguración. En una ocasión tan especial, que coincidió en año lustral, llegó a La Palma el ministro del Ejército del Aire, general Eduardo González-Gallarza Iragorri, una de las figuras legendarias de la aviación española, a los mandos de un avión Junkers Ju-52 del Ejército del Aire. También tomaron tierra dos aviones Douglas DC-3 de Iberia, en uno de los cuales llegaron dos aviadores de la vieja escuela, auténticos caballeros del aire: José María Ansaldo y Luis Guil Valverde.
Entre los muchos visitantes que aquel día se encontraban en el nuevo aeropuerto palmero se encontraba la familia Pérez Torres, que se había desplazado desde Fuencaliente, en unión de unos amigos de Mazo, para ser testigos presenciales de tan significativo acontecimiento. Junto a Plácido Pérez Acosta y Dominga Torres Hernández se encontraba su hijo Carlos, que entonces tenía siete años de edad y aquel día soñó que él quería ser piloto cuando fuera mayor. Lo que podría parecer un dulce sueño infantil, lejos de difuminarse en el transcurso del tiempo y pese a las adversidades, acabaría tomando forma y alas en años venideros.
Tenía 15 años cuando pasó al Instituto de Santa Cruz de La Palma, dirigido por Jorge Cordech, donde continuaría sus estudios de bachillerato, aprovechando, cada vez que podía, solo o con alguno de sus amigos, para ir a ver los aviones en el aeropuerto de Buenavista. En 1965 se desplazó a Tenerife para estudiar el PREU en el Instituto "Cabrera Pinto", en La Laguna. Allí se encontró de jefe de estudios a su paisano Eudoxio Hernández Ortega, que le orientó hacia la rama de Ciencias, cuyo primer año cursaría el curso siguiente en la Universidad de La Laguna.
De regreso a La Palma, su amigo Ramón Argany Fajardo le comentó la posibilidad de que se hiciera piloto en la Escuela de Complemento del Ejército del Aire. Sin pérdida de tiempo -energía de años juveniles- envió una carta al Ministerio del Aire, recibiendo respuesta con la información necesaria y las condiciones de acceso. Pendiente de la convocatoria anual, envió la solicitud y en julio de 1967 recibió confirmación de que había sido aceptado a las pruebas preliminares.
Con 1.200 pesetas en el bolsillo que le prestaron su hermana Nereida y su cuñado Pepe Francisco, y contra la manifiesta voluntad de su madre viuda, el joven Carlos Pérez Torres embarcó en el puerto de Santa Cruz de Tenerife a bordo del Ciudad de Sevilla, cargado de muchas ilusiones para intentar hacer realidad su sueño infantil, viajando a Cádiz y luego en tren hasta Madrid, examinándose primero del reconocimiento médico y psicotécnico en la Ciudad Universitaria y de la prueba de conocimientos generales en la sede del Ministerio del Aire. Para cien plazas disponibles se presentaron casi ochocientos jóvenes. A la espera de las calificaciones, regresó a La Palma, donde recibió una carta en la que se le indicaba que había sido admitido.
Como aún no tenía la mayoría de edad, que entonces era a los 21 años, su madre tuvo que firmar su consentimiento para que pudiera ingresar en la Escuela de Pilotos de Complemento del Ejército del Aire en Armilla (Granada), formando parte de la XVIII Promoción, en la que realizó el curso de piloto elemental volando en la avioneta Bücker, que incluía formaciones y acrobacia. Bajo la atenta mirada del capitán Franco obtuvo la suelta con 11 horas de vuelo.
El siguiente paso estaba en la Escuela Básica de Matacán (Salamanca), donde superó con éxito las diferentes pruebas, y entre ellas, en diciembre de 1968, el ejercicio de vuelo en el legendario avión T-6, equipado de tren retráctil, flaps, control de mezcla y paso de hélice. De los cien aspirantes, sólo la superaron 28, entre los que se encontraba nuestro personaje. Este hecho le abrió las puertas a la siguiente etapa en la Escuela de Polimotores, también en Salamanca, donde realizó el curso de vuelo instrumental en el mítico bimotor DC-3, volando a Valladolid, León y Getafe, con aproximaciones nocturnas y retorno a la base. Tenía, entonces, 20 años de edad.
En 1969, con el empleo de sargento piloto de complemento, pasó destinado a la Base Aérea de Gando, volando en los aviones Junkers Ju-52 al Sahara español. En diciembre de ese mismo año pasó destinado forzoso como oficial de tráfico aéreo a la Base Aérea de Reus, volando los aviones T-6 y E-9 como entrenamiento, compartiendo su tiempo libre como instructor del aeroclub, lo que le permitió acumular horas de vuelo y experiencia, mientras aguardaba el momento de su pase a las líneas aéreas comerciales.
En febrero de 1971 solicitó el traslado a la Base Aérea de Getafe (Madrid), etapa en la que voló en el avión Azor, de fabricación nacional, en viajes de estafeta a Canarias y llevando reclutas de Sevilla a El Aaiún. En julio de ese mismo año llegó el final de su etapa militar e ingresó en la Escuela de Pilotos de Iberia -dirigida, entonces, por el comandante José María Ordovás-, donde realizó el curso teórico básico y un vuelo de calificación en el DC-3 de Madrid a Málaga. En octubre comenzó a volar en el avión carguero Fokker F-28, realizando viajes a Canarias, El Aaiún, Casablanca y varios destinos europeos.
Como quiera que las perspectivas en Iberia entonces no eran propicias, en febrero de 1972 se presentó una oportunidad para ingresar en AVIACO, incorporándose como segundo piloto a la flota Fokker F-27. A comienzos de 1973 fue propuesto para comandante de dicho modelo avión, pero como entonces no tenía la edad reglamentaria, que era de 25 años, tendría que esperar unos meses. El 1 de agosto del citado año voló por primera vez en su nueva condición sentado a la izquierda del avión, convirtiéndose entonces en el comandante más joven de la compañía.
Sin embargo, unos días después se produjo el accidente de un avión Caravelle en La Coruña y la dirección de AVIACO suspendió las sueltas previstas hasta marzo de 1974, en que obtuvo la autorización definitiva en un vuelo con el comandante Luis Rodríguez Bustamante. Su primer vuelo como comandante titular lo realizó el 1 de abril en la línea Madrid-La Coruña-Madrid, a bordo del avión EC-BPK, llevando entre los pasajeros al ministro del Ejército, general Coloma Gallegos. Este avión y el matriculado EC-BNJ eran de pre serie, por lo que no tenía piloto automático y había que "llevarlo a mano", de modo que cuando los ingenieros de Fokker venían a España siempre procuraban visitarlos y se quedaban admirados de su grado de conservación y operatividad.
Con 28 años, el comandante Pérez Torres fue nombrado instructor de la flota Fokker F-27, asumiendo durante su permanencia en el cargo la responsabilidad de la suelta de otros pilotos. En octubre de 1979 pasó a comandante del avión DC-9, simultaneando, hasta junio de 1980, los vuelos de instrucción en el F-27. En 1982 fue nombrado de nuevo instructor e inspector del DC-9, etapa que se prolongó hasta 1988. En 1985, después de veinte años de presencia continuada en la Península, decidió volver a Canarias, incorporándose de nuevo a la flota Fokker F-27, para lo que previamente tuvo que realizar el curso de habilitación en Helsinki.
En las líneas interinsulares permaneció desde marzo de 1988 hasta 1990, año en el que, después de que Binter relevara a AVIACO en la línea de El Hierro, pasó a volar en la línea Málaga-Melilla. Durante esta etapa, plena de muchas vivencias y satisfacciones para su protagonista, se llevó también, entre otros recuerdos, el afecto de los pasajeros.
En diciembre de 1991, un mes después del fallecimiento de su madre, regresó de nuevo a Madrid para empezar el curso del avión MD-88. En junio de 1992 fue nombrado jefe de instrucción y unos meses después pasó a desempeñar el cargo de jefe de Flota. Esta condición le dio la oportunidad de realizar varios vuelos especiales, uno de ellos en octubre del citado año con motivo del viaje de entrega de un avión MD-88 desde Los Ángeles a Madrid vía Canadá y otro a Skipol (Macedonia), en 1993, durante la guerra de Yugoslavia, para evacuar refugiados, en su mayoría niños. En esta etapa y siendo director de Operaciones de AVIACO el comandante Revilla, Carlos Pérez Torres aportó todos sus esfuerzos para el establecimiento de la línea Madrid-La Palma.
Otro capítulo histórico de su vida profesional se produjo en 1994, cuando AVIACO vendió la flota Fokker F-27 a Cubana de Aviación. Los aviones, ocho en total, estaban estacionados desde hacía tiempo en el aeropuerto de Madrid y volaron a Palma de Mallorca para proceder a su completa revisión, poniendo los motores a cero e instalando unos tanques de combustible supletorios que les permitiera ocho horas de autonomía y la realización del largo viaje con plenas garantías.
De regreso a Madrid, y de dos en dos, cuatro viajes en total, comenzó el periplo con escalas en Las Palmas, La Sal (Cabo Verde), Fortaleza, Barbados y La Habana. AVIACO designó a los comandantes José Carlos Pérez Torres, José Antonio González Rosado, Emilio Ley de León y Rafael Machado de la Cuadra y el segundo piloto Francisco Sánchez de la Rosa. A su llegada a La Habana, Pérez Torres y González Rosado se ocuparon de impartir la instrucción a los pilotos cubanos, realizando los viajes de entrega el resto de los tripulantes citados.
A finales de julio regresó a Madrid y se reincorporó a la flota MD-88, donde permaneció hasta 1997, en que realizó de nuevo el curso del DC-9 para volar con base en Tenerife durante un año. Con la fusión de AVIACO en Iberia, el comandante Pérez Torres volvió de nuevo a Madrid, volando desde entonces sin responsabilidades de dirección en líneas nacionales y a las principales capitales europeas, sumando en su historial algo más de veinte y tres mil horas de vuelo. Un palmarés brillante y un broche de oro a una fructífera carrera profesional.
Juan Carlos Díaz Lorenzo. Cronista Oficial de Fuencaliente Añadido: Lunes, 28 Abril, 2008 Escrito por: Juan Carlos Díaz LorPuntuación:     Visitas: 83
|
|
Entrar en Tu Cuenta
|